Editorial

Resultados que sirven como ejemplo

Por Ing. Agr. Lorenzo Basso. Secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca

La creciente importancia de la producción orgánica argentina brinda uno de los ejemplos más positivos de lo que permite lograr la articulación de esfuerzos entre el sector público y la actividad privada, convergencia que los integrantes de la cadena, con el acompañamiento del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, llevaron adelante en los últimos años. Este fortalecimiento pone de relieve la potencialidad de un sector que manifiesta gran capacidad para proyectarse favorablemente hacia el futuro, y que trabaja sobre las bases de la definición de estrategias y políticas en el marco del Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial 2020, diseñando y consensuando una ruta de navegación que conduce al logro de metas comunes.

Argentina ha sido pionera en lo atinente a este sistema de producción. No solo dentro de su territorio sino también en el ámbito internacional, presidiendo foros hemisféricos de gran reconocimiento como la Comisión Interamericana de Agricultura Orgánica (CIAO), compartiendo conocimiento y armonizando criterios técnicos sobre la base de la visión hemisférica en materia de fomento y desarrollo de la agricultura orgánica. Desde el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca acompañamos fuertemente estos procesos que contribuirán al crecimiento de la producción y el comercio de productos orgánicos no solo del país sino también de la región.

Los atributos relacionados con el origen natural del producto orgánico y la amigable relación de su producción con el ambiente muestran su costado comercial más exitoso cuando esos aspectos son transmitidos a través de símbolos que los consumidores reconocen. Esos signos –técnicamente denominados “logos”- llegan a ser más trascendentes que un texto y más fuertes que cualquier autoelogio: constituyen un “resumen de información” y operan como un contrato de confianza entre productor y consumidor.

Hace ya años que este sistema diferenciado de producción se amplía y profundiza, diversificando alternativas productivas y mejorando el agregando valor. Ahora estamos posicionando un logo para los agroalimentos orgánicos. Orgullosos de que los productos sean argentinos y orgánicos, y de que su elaboración mejore la distribución del ingreso y brinde mayor equidad a todas las regiones del país.

A esta altura ya es posible vislumbrar una nueva fase en la expansión de estos sistemas, donde el esfuerzo conjunto de instituciones públicas y privadas juega un rol estratégico en el posicionamiento, promoción y acompañamiento de los productores. Este trabajo, destacable para un sector orgánico que se organiza y crece en función de objetivos comunes, constituye un modelo para otras producciones que sobre la base de este accionar podrán establecer sus propios foros de debate y construcción. Son experiencias que pueden ser replicadas en otras cadenas agroalimentarias, y que abren una ancha puerta al progreso y la inclusión social.

Independientemente de los vaivenes que atraviese el mundo, las políticas diseñadas tomando como base el agregado de valor tienen un futuro promisorio. Si ofrecemos una mayor gama de productos y de servicios tanto a nuestros consumidores como al resto de los países, tendremos mayores oportunidades de crecer y mejorar. El proceso que protagoniza nuestra producción orgánica arroja resultados que sirven como ejemplo.

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